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Archive for March, 2010

COMUNICADO AGIO ABRIL 10


LOS EFECTOS DE LA CRISIS EN EL EMPLEO

Un 56% de los trabajadores percibe un empeoramiento de las condiciones laborales desde que comenzó la crisis. Esta es la principal conclusión del estudio llevado a cabo por la consultoría de recursos humanos Grupo Agio a propósito de la percepción de los empleados sobre los efectos de la crisis en el mercado laboral.

La situación del mercado laboral no es precisamente alentadora, con más de cuatro millones de parados y la amenaza constante de nuevos despidos y cierres de empresas. Pero eso no es todo, puesto que cuando hablamos de seres humanos no solo hay que tener en cuenta una serie de datos numéricos sino que un elemento fundamental es la percepción que tienen las personas relacionadas con el fenómeno de estudio sobre dicho fenómeno. En este caso, según el análisis llevado a cabo por Grupo Agio, la crisis laboral no solo ha afectado duramente a los que se han quedado sin empleo, sino que aquellos que lo mantienen denuncian su influencia.

Según el aludido estudio, llevado a cabo mediante encuestas realizadas a 1.500 personas, cuyo perfil coincide con el de un hombre (un 58% de los encuestados) de entre 25 y 39 años (a este grupo pertenecía un 45%), el 56% de los trabajadores españoles percibe que sus condiciones de trabajo han empeorado por culpa de la crisis. Factores como la calidad en el trabajo o la solidaridad entre compañeros se han visto afectados, según ellos, por la coyuntura económica. En este sentido, un 41% señala que su calidad laboral ha empeorado y un 37 que dicha coyuntura ha provocado que se sea menos solidario que antes con el resto de compañeros.

Sin embargo, la mayoría, un 74%, no tiene problema en expresar sus opiniones en la empresa; aquellos que no sienten esa libertad para comunicar sus puntos de vista manifiestan mayoritariamente que el motivo es el miedo a sufrir represalias, entre ellas la pérdida del empleo.

Pocos datos negativos más encontramos en el estudio, puesto que tanto el aspecto que se refiere a los medios con los que se cuenta para desarrollar el trabajo como el ambiente que se respira en él y el trato de compañeros y superiores es considerado correcto de una forma aplastante. Analizando esta afirmación más detenidamente, el 90% afirma que su ambiente de trabajo, desde un punto meramente físico, esto es, en cuanto a limpieza, ruidos, iluminación…, es agradable y adecuado y el 79% considera que cuenta con los medios materiales necesarios para el desarrollo de sus funciones. El 95% dice ser tratado con respeto por sus compañeros y el 92 afirma lo mismo cuando se refiere a sus superiores. Además, el 82% manifiesta haber podido contar con aquéllos cuando los ha necesitado en sus últimas experiencias laborales.

A POR LA SEMANA DE CUATRO DÍAS


Un estudio defiende la semana laboral de veintiún horas como medida idónea para dar solución al problema de la crisis de empleo y a las enormes desigualdades que provoca, así como al exceso de emisiones de carbono, a la vez que nos permite ser más felices, tener más tiempo para nosotros y los nuestros, reducir el estrés y, en definitiva, disfrutar más de la vida.

El estudio denominado “21 Horas”, elaborado por New Economics Foundation (nef), alaba las excelencias de la reducción de la semana laboral a veintiún horas, pues, según dicho estudio, permite repartir de una forma más equitativa el trabajo con que contamos y reducir las enormes diferencias que existen actualmente entre unos cuantos, cargados con un exceso de trabajo, y muchos que se encuentran en situación de desempleo.

Dicho estudio señala que:

  • En general se trabajan más horas que hace treinta años.
  • El número de desempleados es muy elevado hoy en día. Los recortes laborales para ahorrar costes provocan una sobrecarga de trabajo para unos mientras que deja en el paro a otros.
  • Como consecuencia de este desequilibrio creciente, la vida privada de las personas en activo se está viendo muy perjudicada, pues el tiempo que se le puede dedicar es muy reducido, lo que también repercute negativamente en la sociedad.

Además, según este estudio, la reducción de la jornada laboral contribuiría a disminuir nuestro afán consumista y, por tanto, el exceso de emisión de gases a la atmósfera provocado por la superproducción que da respuesta a ese consumismo exacerbado en el que estamos inmersos.

Los autores de “21 Horas” indican que una semana laboral más corta redunda en el aumento de la productividad laboral, reducción de las huellas de carbono y mayor equidad en el trabajo entre hombres y mujeres. Esto, además, nos permitiría tener más tiempo para nosotros, que podríamos dedicar a nuestra familia, a relacionarnos con la comunidad en que vivimos y a nuestro propio disfrute, lo que redundaría en una mayor productividad laboral, al sentirnos más satisfechos con nuestras vidas.

Fuente: purobueno

¿TE APUNTAS AL ‘SLOW FOOD’?


El movimiento denominado ‘Slow food’ (comida lenta) surge en contraposición a la denominada Fast food, tan de moda en nuestros días, y pretende recuperar el gusto por los valores tradicionales de la buena comida, disfrutada con calma y en el ambiente apropiado.

Está claro: la comida rápida está de moda, no solo entre los más jóvenes, sino entre la población de todas las edades; lo que comenzó siendo un punto de encuentro de adolescentes/jóvenes con pocos recursos es ahora no solo un lugar al que acuden personas de toda edad y condición para saciar su apetito, sino todo un movimiento que tiene su extensión en nuestro hogar. Y es que son innegables sus ventajas, sobre todo en este mundo en que vivimos, en que la prisa es nuestra compañera ineludible. Cuando hablamos de los establecimientos, se trata de lugares en los que podemos comer rápidamente, prácticamente a cualquier hora y por un precio asequible, y, si nos referimos a su consumo en casa, nos encontramos con una amplia gama de productos precocinados, no precisamente económicos, pero que solucionan en un momento la preparación de nuestra comida o cena.

Como reacción a todo ello, el denominado Slow food es un movimiento que surgió en Italia en el año 1986 precisamente para recuperar el gusto por la buena mesa y sus grandes beneficios, por esa cocina que lleva su tiempo, tanto de preparación como de degustación. Y su símbolo no podía ser otro que un caracol, como elemento asociado por todos a la calma, en contraposición con la prisa que nos acecha, incluso o especialmente, a la hora de comer.

Los beneficios de este tipo de comida, la que hemos consumido en nuestro país tradicionalmente, son de sobra conocidos y alabados hasta la saciedad por los especialistas, por su gran riqueza nutritiva y por constituir una dieta saludable, pero, por desgracia, cada vez es menos habitual en nuestra mesa, no solo por influencia de la cultura Fast food, sino, además, por lo que podríamos denominar tendencia Fast life (vida rápida), que nos lleva a desechar todo lo que no sea inmediato, lo que suponga dedicar un tiempo. Así, escasean en nuestra gastronomía casera los guisos, las legumbres, incluso las paellas, porque los asociamos a una dedicación que no podemos (o queremos) asumir, y los sustituimos, en el mejor de los casos, por ensaladas o verduras y alimentos fritos o a la plancha, que son muy buenas opciones pero que quedan incompletos. Además, adelantos como la olla a presión o la rápida, nos permiten preparar los platos de nuestras abuelas, quizá de forma menos suculenta, pero en menor tiempo y con valor nutritivo similar.

Por su parte, la comida rápida se acompaña generalmente de salsas y entrantes o acompañamientos que aportan sabores muy intensos y una cantidad elevada de sal. Este tipo de sabores enganchan y estimulan el apetito para seguir comiendo. La rapidez con la que se consumen estos productos es otro aspecto negativo, pues al comer deprisa no se deja tiempo suficiente para que la sensación de saciedad llegue al estómago, por lo que con frecuencia se tiende a comer más de lo debido. Por otro lado, puesto que apenas requieren masticación, y debido a sus altos aportes de grasa, el proceso de digestión se ve dificultado.

Pero el problema fundamental de este tipo de comida es que se consuma de forma habitual, pues es cuando puede repercutir de una forma clara en nuestro estado de salud, aportando un exceso de grasa, sal y otros condimentos fuertes, colesterol… y generando un desequilibrio en la alimentación, que resulta incompleta.

Ante lo aquí expuesto ¿qué ventajas aporta la ‘comida lenta’? Presentamos tan solo una muestra de ellas:

  • Promueve una buena masticación de los alimentos, lo que favorece la digestión.
  • Fomenta la educación del sentido del gusto. El Slow food incluye sabores suaves y naturales, como es el caso del tomate triturado frente al ketchup de la comida rápida. Cuando se abusa de sabores tan intensos, no se aprecian los sabores naturales de la comida tradicional. A esto hay que añadir que los sabores intensos estimulan el apetito y provocan un aumento de la ingesta.
  • La calidad nutritiva de los menús es mejor.
  • Facilita el gusto por la buena mesa, el disfrute de una acción básica para nuestra supervivencia como es alimentarnos, de forma que no se convierta en otra obligación más sino que constituya un verdadero placer.
  • Favorece entablar relaciones sociales con otras personas alrededor de la mesa, al comer de forma distendida y sin prisas.
  • Si, además, elegimos un lugar agradable y en el que se nos reciba con un buen servicio… ¿qué más podemos pedir?

Fuente: slowfood.es, consumer.es

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