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Claves para preparar una intervención en público

“Todo discurso bien preparado está ya pronunciado en sus nueve décimas partes”  Dale Carnegie

Un discurso o presentación hay que trabajarlo, pensarlo y practicarlo. Este es el secreto del éxito.

Una preparación concienzuda nos permitirá: ser más convincentes, despertar mayor entusiasmo y superar el miedo escénico dándonos  más fuerza y seguridad

En primer lugar hay que marcarse un objetivo. Plantearnos estas preguntas: ¿Qué queremos trasmitir? ¿Qué es lo que quiero lograr con mi intervención? ¿De qué voy a hablar?

La Comunicación en Público, no es un monólogo, es un diálogo. Es decir, un diálogo entre el ponente (emisor) y sus interlocutores (receptor). Para ello, tiene que haber una trasmisión de conocimiento que debe llegar a nuestros receptores y provocar una respuesta o reacción. Para lograrlo debemos tener perfectamente claro qué es lo que queremos trasmitir y qué efecto queremos que produzca ese conocimiento.

Debemos analizar a nuestro público. Conocer qué esperan de nuestro discurso, cuáles son sus expectativas, si saben de lo que les voy a contar o son nuevos en la materia, si acuden obligados o por propia voluntad.

La edad, la experiencia y las expectativas son aspectos que nos ayudan y determinan a la hora de marcar  nuestro objetivo.

En función de este objetivo y de  nuestros interlocutores, desarrollaremos el guión.

El buen orador habla de materias que domina. Además ha pensado y organizado perfectamente su discurso. Se documenta, investiga y sabe qué es lo que se espera de él. Utiliza un lenguaje claro y directo y se ayuda de ejemplos para hacer más gráfico su discurso.

Un buen comienzo, un buen final y un desarrollo perfectamente estructurado, éste sería el esquema básico del guión.

Trasmitimos mejor hablando que leyendo por eso es mejor enfrentarse al discurso no escribiéndolo entero, sino sólo las ideas importantes, el principio y el final. Nuestra intervención resultará más viva y natural y no cansaremos a nuestros oyentes.

Una vez que lo tenemos bien estructurado y claro, debemos pasar a la verbalización. Hay que “contarlo”, ensayarlo diciéndolo en voz alta. Podemos hacerlo solos delante del espejo o utilizando de “público” a nuestra gente de confianza.

Verbalizar es decir con palabras lo que hemos escrito y lo que tenemos pensado y lo debemos trabajar para que resulte fluido. Es diferente lo que piensas que vas a decir, que lo que dices y cómo lo dices.

Debemos controlar todos los medios auxiliares que vamos a utilizar. Imágenes, audios, pantallas, cámaras, luces… Comprobar que todo funciona correctamente antes de comenzar. Y por supuesto debemos  tener muy presente que son un apoyo de nuestra exposición, nunca un sustito del ponente.

También nos ayudará estudiar el lugar donde se va a desarrollar para valorar cuál debe ser nuestra posición en el escenario y la colocación más óptima de nuestro público.

Por último, tenemos que cuidar nuestra  vestimenta. Ponernos algo cómodo y que nos facilite el movimiento. Vestirnos según requiera la ocasión, el tema y nuestra posición.

 

                                         Marina Díez

Logopeda

                                         Especialista en Voz y Comunicación

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