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CUPIDO CADA VEZ LANZA MÁS FLECHAS ENTRE COMPAÑEROS DE TRABAJO.

Hoy en día, todo el que tiene trabajo seguro que comparte con nosotros la idea de que actualmente, una persona pasa más de la mitad del día en su puesto de trabajo. La falta de tiempo para tener vida social, acompañada de la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, ha hecho que Cupido esté presente, más que nunca, entre compañeros de trabajo.

Por eso, son muchas las empresas que han incluido en su política diferentes medidas en el caso de darse relaciones de pareja entre sus miembros. Mudar de sector a uno de los integrantes  para que no compartan todo el tiempo su jornada laboral, es una de las medidas que más se suele tomar. Son ya  muy pocas las empresas que prohíben este tipo de relaciones amorosas, a no ser que la relación suponga conflictos de intereses, reducción de la productividad, o disminución de la disciplina.

Se tome la medida que se tome, hacer oídos sordos no es la mejor opción. Siempre es recomendable que el jefe o responsable de RR.HH establezca ciertas, llamémoslas normas, sobre este tema. Aunque normalmente, la madurez de la pareja, su discreción y sentido común, se supone que tendrían que ser suficientes para sobrellevar con éxito una relación de pareja en el trabajo.

Compartir sitio de trabajo con tu pareja, como todo, tiene ventajas e inconvenientes.  La motivación, quizás es lo más beneficioso que puede traer todo esto: tener a tu pareja en el mismo lugar de trabajo hace que la jornada laboral sea más agradable, y que el despertarse temprano y las ganas, sean en definitiva, mayores.

Inconvenientes, obviamente también hay. Los rumores entre compañeros sobre la relación y el derecho que creen tener para opinar sobre ella, hacen que “la pareja” sea el chisme más común en el pasillo. Además, el compartir tanto tiempo, hace que se puedan trasladar con facilidad problemas de pareja al ámbito laboral. Saber tener cada uno su espacio fuera de la oficina, hará que todo sea más llevadero.

Por eso, amor y trabajo no es algo imposible de combinar, ni tiene que ser contraproducente para la pareja o para la ejecución del trabajo. Lo importante, es saber encontrar el equilibrio perfecto entre parte emocional  y responsabilidades laborales.

 

Fuente: elmundo.es

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