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ESTUDIANTE Y RESIDENTE EN LA UNIÓN EUROPEA

Ante la situación de crisis en la que seguimos inmersos, que afecta de una forma especial a los jóvenes, éstos recurren a prolongar sus estudios para no tener que enfrentarse a la dura idea de ser un parado más. Uno de cada cinco europeos menores de 25 años se encuentra en situación de desempleo. España se encuentra a la cabeza de la lista, con un 33,6% de sus jóvenes en paro.

De todos es sabido que las condiciones del mercado laboral no son las óptimas y mucho menos para los jóvenes; su acceso a él es realmente complicado en un momento en que no resulta fácil ni para los que gozan de más experiencia, de forma que su incorporación se retrasa cada vez más. Conscientes de ello, son muchos los que prolongan su periodo estudiantil como mecanismo de defensa contra el desánimo que provoca la imposibilidad de conseguir un trabajo de una mínima calidad.

Mientras arrecia el temporal algunos recurren a los masters que complementan su formación, otros a hacer todo tipo de cursos, aunque no tengan relación con lo que estudiaron, y otros preparan las codiciadas oposiciones, todo ello muchas veces antes de mover un dedo para incorporarse a un mercado laboral reacio a dar una oportunidad a los que no tienen aún experiencia. Han decidido preparase para ocupar buenas posiciones en el momento en que se dé el pistoletazo de salida que haga que vuelvan a surgir las ofertas de empleo.

El polémico proceso de Bolonia, con su intento de homogeneizar los estudios universitarios, pretende abrir puertas en otros países de la Unión Europea, ofreciendo así más posibilidades a nuestros titulados, pero habrá que esperar para ello que la coyuntura económica mejore. Para entonces es probable que contemos con los jóvenes mejor preparados, al menos a efectos teóricos, de la historia.

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