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PREVENIR MEJOR QUE CURAR

La mayoría de las bajas laborales son provocadas por factores psicológicos, aunque no siempre se reconozca así. Estrés o ansiedad son elementos muy habituales en nuestro panorama profesional y, además, muy difíciles de detectar y atacar. La prevención juega, pues, un papel fundamental para que estos cuadros no lleguen a producirse y para que ésta sea posible es necesario establecer canales de comunicación sólidos que nos permitan detectar cualquier signo de alarma y ponernos manos a la obra.

Estrés y ansiedad son los causantes de la mayoría de las bajas laborales en nuestro país, concretamente, según algunos estudios, del 60% de ellas. Es un dato preocupante, pero aún lo es más pensar que, además, provocan una disminución importante de la productividad en trabajadores que se encuentran de alta. La empresa tiene la obligación de propiciar el bienestar físico y psicológico de sus empleados, pero, incluso si lo miramos desde un punto de vista de efectividad, este elemento cobra una importancia considerable. Y no debemos esperar a que la enfermedad se produzca, sino que hay que actuar mucho antes.

Son muchos los factores que pueden provocar estos males, desde un clima laboral poco favorable, excesiva presión, mala distribución de las funciones, descripción incompleta de los trabajos… Y la coyuntura económica no ayuda. Además, es muy complicado detectar y atacar estas enfermedades. Como señala Ángeles Castejón, médico del trabajo en el hospital USP San Carlos, “prevenir cuadros de estrés es muy complicado y pocas veces este tipo de problemas se derivan a las mutuas. El individuo acude al médico de familia porque piensa que su dolencia no está relacionada con el trabajo. No se atreven a reconocer su problema”. Por lo visto, somos reacios a admitir que tenemos algún problema psicológico, lo que complica aún más su tratamiento.

Pero algo está muy claro: nuestro cerebro debe disfrutar de unos tiempos de descanso para que se recupere de su actividad y saquemos máximo partido de él. Así, Antonio de Dios, director del departamento de psicología de USP Hospital de Marbella, señala que “el cerebro, al igual que el cuerpo, necesita periodos de descanso. Si hacemos con nuestra mente lo mismo que con nuestro cuerpo, es decir, darle el descanso necesario, probablemente nos irá mejor. Las neuronas consumen mucha energía y se requieren unos minutos de descanso cada hora u hora y media para recuperarla”. Por tanto, debemos animar a nuestros empleados a que así lo hagan.

Por otro lado, establecer canales de comunicación apropiados se convierte en una herramienta de gran ayuda para detectar el malestar en sus inicios. Realizar una evaluación de riesgo psicosocial periódicamente es también altamente recomendable. En este sentido, Alicia de la Cuerda, directora del departamento de prevención de riesgos laborales de HM Hospitales, señala que “con este método, basado sobre todo en entrevistas personales con los trabajadores y con un diálogo distendido, se obtiene información muy valiosa de las deficiencias a la hora de realizar una tarea. A partir de ahí se puede elaborar un plan de acción que permita al profesional realizar a gusto su trabajo”.

Pero no todas las bajas laborales son causadas por problemas psíquicos. Antonio Iniesta, presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo, señala que “muchas incapacidades temporales tienen su origen en problemas físicos. Las causas son variadas, las hay infecciosas epidémicas (gripe, dolencias respiratorias, etcétera), osteomusculares, cardiovasculares y respiratorias”. En cuanto a los accidentes laborales, los datos publicados por el Ministerio de Trabajo e Inmigración en el último Boletín de Estadísticas Laborales correspondiente a 2010, confirman que los más frecuentes fueron los esfuerzos físicos, con un 38,8%, siendo el sector servicios el que más casos acumuló.

Nos refiramos a unos problemas o a otros, la conclusión más clara es que prevenirlos es un imperativo para las empresas, que facilitarán así a sus empleados unas condiciones de trabajo más apropiadas, recibiendo a cambio una mayor productividad. Y no es suficiente con que pasemos un listado de “buenas costumbres” o “hábitos saludables” en el trabajo: debemos involucrarnos de una forma más comprometida para que dichos hábitos se pongan en práctica y que esa prevención sea posible.

Fuente: Expansión y Empleo

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