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SER ADICTO AL TRABAJO NO TIENE POR QUÉ SER NEGATIVO

Un reciente estudio realizado en Francia por la Escuela de Negocios Rouen refleja que ser ‘workaholic’ tiene aspectos positivos en lo que a motivación, satisfacción profesional y autoestima se refiere. Lo complicado es saber mantener el equilibrio y no traspasar la línea que separa la ‘adicción’ positiva de la pseudoexplotación.

Según este estudio la diferencia entre ser un adicto al trabajo con consecuencias positivas y que la dependencia se convierta en algo perjudicial, deriva en que las tareas y el ritmo debe ser algo autoimpuesto por el individuo. Así, la escuela de negocios francesa mantiene que este tipo de sujetos encuentran el equilibrio personal y la conciliación, en un barómetro con índices diferentes a los del resto de profesionales. De esta forma, lejos de tratarse de un hábito perjudicial para la salud, convierten su estrés y horas de dedicación en valores provechosos para la sociedad y el empleador.

Se trata por lo tanto de personas que a través del trabajo y de cumplir los objetivos que se marca, colma sus ansias de realización. Yehuda Baruch es el autor del estudio y compara esta adicción con la del chocolate, “Disfrutar de ese manjar no tiene por qué ser una condición debilitante. Puede ser saludable y reporta placer y energía. De forma similar, los workaholics reciben la contraprestación del disfrute por el trabajo. Si esto no menoscaba la propia salud mental o física, no hay motivo para prohibir lo que les reporta satisfacción”.

Workaholic ¿positivo o negativo?

Este tipo de postura ante las responsabilidades laborales deja de ser beneficioso en el momento en que las tareas se convierten en cargas y obligaciones impuestas debido a necesidades económicas o imposiciones de los jefes.

Otro estudio, en este caso realizado en Estados Unidos, por la consultora Catalyst y Brandeis University, recoge diferentes datos al respecto. Por ejemplo, 7 de cada 10 trabajadores reconocen que el trabajo extremo está perjudicando a su salud; casi un 50% asume que complica su matrimonio y a más de la mitad le afecta en la relación con sus hijos. Aún así, el 70% de los workaholics está dispuesto a sacrificar su bienestar y actividad social, aunque de éstos, cuatro de cada diez reconoce que no podrá llevar ese ritmo de vida más de un año.

Por lo tanto hay que tener cuidado y saber distinguir qué es lo que diferencia un perfil de otro, sobre todo ahora que debido a la situación actual muchas empresas presionan a sus empleados, perjudicando así su capacidad de producción y equilibrio, junto con la aceptación y complicidad que genera, por ejemplo, el miedo a perder el empleo. Por lo tanto, queda en manos del trabajador analizar si tener una jornada laboral de más de 70 horas a la semana, estar pegado al teléfono y al correo electrónico y dedicar sus momentos de ocio a encuentros dentro del ámbito laboral, son actividades que necesita cumplir para sentirse bien, o por el contrario, se trata de obligaciones que le marcan otros.

Fuente: Expansión.com

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