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“El arte de escribir, para hablar, para seducir…” por Mónica Pérez de las Heras

“Comunicar es depositar una parte de ti en otra persona”. Esta frase llegó a mí a través de twitter. Desconozco su autor pero desde entonces se ha convertido en mi definición perfecta para la palabra comunicación y sobre todo, me gusta en su aplicación a la Oratoria, a hablar en público. Porque estoy convencida de que eso es lo que hacemos cuando nos dirigimos a un auditorio: entregar parte de nosotros, nuestras ideas, experiencias, anécdotas y conocimientos, en las personas que nos escuchan.

 

Hoy en día para casi el 90 por ciento de las profesiones se necesita hablar en público. Si eres emprendedor es imprescindible que sepas hacer un elevator pitch para explicar lo que es tu empresa y venderte a posibles clientes. Si eres periodista tu oportunidad actual está en saber escribir discursos con Programación Neurolingüística (PNL), una profesión de presente y futuro. Si eres un profesional que pronuncia conferencias, conocer cómo se hace un Pecha Kucha es básico para aprender a sintetizar y controlar tus tiempos. Si eres político hablar en público es para ti vital, necesitas hablar para seducir… Si diseñas presentaciones visuales para ti o para otros tienes que estar a la última según las tendencias actuales. Y si no empleas la Oratoria en tu vida profesional tu vida personal también te da oportunidades para hacerlo: un brindis en una boda, hablar en la comunidad de vecinos o atender un funeral…

 

Una intervención pública debe tener un fin, un objetivo. No hablamos para dejar a nuestro auditorio como estaba, hablamos para moverle desde un estado A a un estado B. Un nuevo estado anímico que le invite a la acción, que le potencie para desarrollarse o que le haga más feliz.

 

De hecho, los grandes momentos de la historia de la Humanidad están marcados por un discurso, las palabras de un hombre o una mujer que han perdurado para ser rememoradas y transmitir un mensaje al mundo. Desde los primeros oradores clásicos hasta los grandes discursos que hoy podemos contemplar en directo a través de Internet, nuestras vidas están influenciadas por lo que han dicho grandes personajes de cualquier ámbito.

 

“Ser presidente no cambia quién eres, revela quién eres” dijo Michelle Obama de su marido, en el discurso que pronunció el 4 de septiembre de 2012 durante la Convención Nacional Demócrata, en plena campaña electoral para renovar la presidencia de su esposo Barack Obama. Una intervención brillante de una mujer cuyo carisma y sus cualidades para la Oratoria –habla en público mejor que Barack- le han otorgado el título del “personaje político más popular de Estados Unidos”.

 

Michelle nunca pensó que tendría que dar discursos y sin embargo, ahora le encanta. Y cuando el tema nos apasiona, la experiencia de hablar en público se convierte en algo maravillo. ¡Y a mí me gusta! Disfruto teniendo un público delante, y hacerles vibrar con lo que les cuento. Usando una voz kinestésica para relatar una historia que quiero que les llegue al corazón, haciendo unos silencios que podrían parecer eternos pero que no lo son, porque captan la atención de cada una de las personas que están delante y les hace estar pendientes de los tres tipos de lenguaje -verbal, paraverbal y no verbal-; y empleando una voz visual cuando lo que pretendo es hacerles sonreír con alguna anécdota propia o ajena o alguna broma de las mías…

 

 “Escribe, habla, seduce”, el libro que acabo de publicar es fruto de ese amor por la Oratoria, no es una publicación más sobre hablar en público. En primer lugar porque es el primer libro escrito en España sobre Oratoria con Programación Neurolingüística e Inteligencia Emocional, y en segundo, porque es una publicación para aprender a escribir lo que tienes que contar en público.

 

Y es que no es lo mismo “escribir para el oído” que “escribir para la vista”. Cuando redactamos un discurso, una presentación, una conferencia, tenemos que considerar que las frases deben ser más cortas, los verbos en voz activa y que los signos de puntuación son sagrados. Si no, cuando vayamos a leerlo no tendremos momentos para respirar.

 

Si lo haces bien, el resultado es tremendo: es la magia de la Oratoria. La capacidad para entregar una parte de ti cada vez que te comunicas en público es proporcional al cariño que recibes después. Te animo a disfrutarlo.

 

Mónica Pérez de las Heras

Directora Técnica de la Escuela Europea de Oratoria

Autora de “Escribe, Habla, Seduce”, de LID Editorial Empresarial

                                                                                             

 

La flexibilidad introducida por la Reforma Laboral en materia de despido objetivo no cala en los tribunales.

En teoría, una de las grandes novedades de la Ley 35/2010 (Reforma Laboral) era la de facilitar el despido objetivo.

Sobre el papel se considera como suficiente justificar la “razonabilidad” de la decisión de extinguir los contratos para contribuir a prevenir una evolución negativa de la empresa o a mejorar su situación. Además, en teoría, no es necesario tener pérdidas, sino que es suficiente con que la empresa prevea tenerlas.

Pero esto es la teoría, ya que no todos los Juzgados de lo Social y los Tribunales Superiores de Justicia están aplicando esta interpretación más flexible y,en la práctica, en algunas comunidades autónomas, los jueces siguen decidiendo con cuentagotas la declaración de procedencia de los despidos objetivos, según se reveló en el Seminario “Despidos y Expedientes de Regulación de Empleo (EREs), organizado por Asesoriza Seminarios en colaboración con el despacho Gómez-Acebo & Pombo y con la consultora Mercer.Por eso, debido a la inseguridad que tiene la empresa que se enfrenta a una demanda por despido objetivo por parte de un trabajador, y teniendo en cuenta lo largo y farragoso que puede llegar a ser el proceso (tiempo, abogados, acto de conciliación, Juzgado de lo Social, Tribunal Superior de Justicia…), lo primero que debe hacer la empresa es plantearse, en función de las pruebas, argumentos, impacto en la cuenta de resultados… qué tipo de despido le interesa más: despido objetivo, ERE (si está obligada a recurrir a él), despido disciplinario express (despedir reconociendo directamente la improcedencia del despido…).

Fuente: Asesoriza

Las 8 cualidades del jefe “anticrisis”

Los equipos de trabajo deben contar con un liderazgo especial en épocas de contracción económica. Las características de los directivos que saben adaptarse al nuevo escenario, logrando que su plantilla no se resienta debido al malestar y la inseguridad que puede reinar en el ambiente deberían ser de las que hablamos a continuación. 

 El jefe deja que la comunicación fluya. Un líder debe ser siempre un buen comunicador, pero en tiempos de crisis debe poner especialmente el énfasis en una comunicación positiva con su plantilla, con realismo pero con optimismo, evitando rumores nocivos para el ambiente laboral de de su empresa.

El jefe es el primero en transformarse en el nuevo modelo que se debe seguir. Un buen líder debe crecerse en la adversidad. Si para salir de una situación delicada o de tensión hay que aumentar el nivel de exigencia, el primero que debe ser exigente consigo mismo es el líder.

El jefe está a las duras y a las maduras. Cuando las cosas no van bien es cuando se ve si el compromiso del líder con su equipo es real. Debe estar ahí para recibir los elogios, pero también para reconocer los errores y asumir la responsabilidad por ellos

El jefe sabe organizar el trabajo. Coordinar las actividades debe ser una de las principales preocupaciones del líder empresarial, que debe saber delegar y supervisar su desarrollo.

El jefe tiene ‘olfato’. Estar atento a los cambios que producen en el mercado le permitirá ofrecer respuestas para aprovechar las oportunidades de negocio y las alianzas que se presentan para fortalecer la posición de su empresa.

El jefe debe aguantar la presión. Liderar equipos en entornos de crisis supone tener una amplia capacidad para trabajar bajo presión y para tomar decisiones de forma rápida, sin transmitir angustia al resto de su equipo

El jefe siempre centrará sus esfuerzos en el cliente. Los clientes son hoy más proclives que nunca a buscar nuevos proveedores y ofertas. El jefe es consciente de ello y por ello sabe que debe diferenciarse y entregarle valor para retenerle y fidelizarle.

El jefe tiene un plan… y un segundo y un tercero. Invierte su tiempo y el talento de su equipo en desarrollar varios planes de acción para distintos escenarios que contemplen distintas posibilidades de éxito o fracaso.

En definitiva, el “jefe anti-crisis” reevalúa permanentemente sus proyectos y sus parcelas de actuación para garantizar la supervivencia de su empresa y tratar de mejorar su productividad y su posicionamiento en el mercado. De esta manera, sabrá qué proyectos debe dejar para más adelante y cuáles cuentan con las características necesarias para darles un mayor impulso porque son los que mejor se adecúan a las circunstancias actuales del mercado.

Fuente: Asesoriza